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    <title><![CDATA[elDiario.es - Xulio Ríos]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Xulio Ríos]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Xi-Trump: truco o trato]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/opinion/tribuna-abierta/xi-trump-truco-trato_129_13212399.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/clip/e71b8243-6c80-4739-b8f0-db359604869f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Xi-Trump: truco o trato"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre la mesa del encuentro entre los mandatarios de China y EEUU que comienza mañana en Pekín destaca la seguridad energética, en un contexto marcado por la guerra con Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz. China trata de proyectarse como un actor estabilizador frente a una política exterior estadounidense vista como disruptiva</p></div><p class="article-text">
        Con el paso de las semanas, desde el aplazamiento de marzo, las expectativas en torno a la cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump se han ido desinflando. La idea dominante hoy es que, en el mejor de los casos, podr&aacute; ofrecer una estabilizaci&oacute;n de m&iacute;nimos, es decir, alg&uacute;n progreso incremental que reafirme la utilidad de los canales de comunicaci&oacute;n existentes, quiz&aacute; abrir alguno m&aacute;s (sobre IA, por ejemplo), pero cuyo principal logro ser&iacute;a, simplemente, evitar un deterioro adicional de la relaci&oacute;n. Parece poco para una visita a China de un presidente estadounidense que se demor&oacute; nada menos que nueve a&ntilde;os (el &uacute;ltimo fue tambi&eacute;n Trump en 2017).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trump llega a la cita, como es habitual, obligado a proyectar control de la escena para jalear su propio ego, aunque necesitado al mismo tiempo de asegurar un umbral m&iacute;nimo de cooperaci&oacute;n con China. Requiere resultados tangibles -aunque modestos- que no comprometan su estrategia de presi&oacute;n. En &uacute;ltima instancia, se trata de poder capitalizar internamente alg&uacute;n avance y reafirmar su imagen -m&aacute;s que controvertida- de liderazgo mundial. Xi Jinping, por su parte, menos apremiado, evitar&aacute; concesiones de car&aacute;cter estructural, si bien comparte el inter&eacute;s en contener una mayor degradaci&oacute;n del v&iacute;nculo bilateral. En el plano global, buscar&aacute; consolidar la proyecci&oacute;n de China como potencia responsable, reforzando una imagen internacional en ascenso.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la mesa se sit&uacute;an varios asuntos principales. En primer lugar, la seguridad energ&eacute;tica, en un contexto marcado por la guerra con Ir&aacute;n y el bloqueo del estrecho de Ormuz. China es un actor clave en el mercado energ&eacute;tico iran&iacute;, pero, como ya ocurre en el caso de la guerra en Ucrania, su implicaci&oacute;n en eventuales mecanismos de estabilizaci&oacute;n sigue siendo ambigua. No obstante, hay aqu&iacute; un inter&eacute;s m&aacute;s pragm&aacute;tico y este constituye uno de los pocos &aacute;mbitos en los que podr&iacute;a materializarse alguna forma de cooperaci&oacute;n estrat&eacute;gica limitada. China ha ordenado a sus empresas desobedecer las sanciones de EEUU al crudo iran&iacute; y urge sin disimulo la normalizaci&oacute;n de la navegaci&oacute;n en Ormuz, desestabilizada por la agresi&oacute;n ilegal de EEUU e Israel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el frente econ&oacute;mico, ambas partes comparten el inter&eacute;s en evitar una nueva escalada comercial, aunque persisten desconfianzas estructurales dif&iacute;cilmente salvables. No se anticipan avances sustantivos en materia de restricciones tecnol&oacute;gicas, cadenas de suministro o tierras raras. Cualquier gesto en el &aacute;mbito de las compras agr&iacute;colas por parte de China depender&aacute;, previsiblemente, de las contrapartidas que Washington est&eacute; dispuesto a ofrecer. La negociaci&oacute;n se ha apurado en Se&uacute;l hasta el &uacute;ltimo minuto.
    </p><p class="article-text">
        En un plano m&aacute;s amplio, China trata de proyectarse como un actor estabilizador frente a una pol&iacute;tica exterior estadounidense percibida como disruptiva. Beijing enfatiza su compromiso con el di&aacute;logo y la paz, en contraste con una narrativa en la que Washington aparece asociado a la coerci&oacute;n econ&oacute;mica y la presi&oacute;n estrat&eacute;gica. Esta competencia por el relato forma parte ya del n&uacute;cleo de la rivalidad.
    </p><p class="article-text">
        En consecuencia, mientras Trump intentar&aacute; contemporizar y disimular la presi&oacute;n estrat&eacute;gica otorgando la m&aacute;xima prioridad a los asuntos econ&oacute;micos y comerciales -con la mirada puesta en las elecciones de mitad de mandato-, Xi priorizar&aacute; la estabilidad y la mejora de su posici&oacute;n relativa en el sistema internacional.
    </p><p class="article-text">
        Todo apunta, por tanto, a una cumbre de bajo rendimiento sustantivo, marcada por convergencias t&aacute;cticas y con escasas probabilidades de generar avances significativos en el frente m&aacute;s sensible para China: Taiw&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para Xi Jinping, Taiw&aacute;n constituye una l&iacute;nea roja existencial, en t&eacute;rminos de soberan&iacute;a, legitimidad interna y narrativa hist&oacute;rica. Hay preocupaci&oacute;n en el PCCh por el avance de la definici&oacute;n de Taiw&aacute;n en oposici&oacute;n a China, caracter&iacute;stica del soberanismo taiwan&eacute;s, y su alineamiento abierto con Washington. Para Donald Trump, aunque el enfoque sea m&aacute;s transaccional, tambi&eacute;n existen l&iacute;mites claros que dificultan cualquier concesi&oacute;n, sometida adem&aacute;s a una estrecha vigilancia dom&eacute;stica. Pero con Trump nunca se sabe.
    </p><p class="article-text">
        Eventuales gestos podr&iacute;an afectar&nbsp;al grado de ambig&uuml;edad estrat&eacute;gica en torno a su estatus o a la intensidad de los contactos pol&iacute;ticos, es decir, a mecanismos de contenci&oacute;n de riesgos m&aacute;s que a cambios de fondo. Menos afectar&iacute;a al nivel de ventas de armamento a la isla, a la vista de la cifra aprobada en v&iacute;speras del encuentro por el parlamento taiwan&eacute;s para efectuar importantes compras militares en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, con algunos recortes e inferior al l&iacute;mite m&iacute;nimo exigido a Taip&eacute;i por EEUU. A dicho monto le espera un recorrido parlamentario alambicado pero, en cualquier caso, no es del gusto del PCCh, que hubiera preferido ver triunfante la tesis m&aacute;s restrictiva de la presidenta del KMT, Cheng Li-wun, que se reuni&oacute; recientemente con Xi y ahora ve debilitada su posici&oacute;n en t&eacute;rminos de confianza.
    </p><p class="article-text">
        Pero sin contrapartidas apreciables en este tema, Xi ser&aacute; comedido en el nivel de complacencia con Trump en sus exigencias econ&oacute;micas y comerciales. Por el contrario, con matices, aunque fueran ligeros o &ldquo;terminol&oacute;gicos&rdquo;, la cosa podr&iacute;a cambiar significativamente.
    </p><p class="article-text">
        Cada parte mantiene, adem&aacute;s, sus respectivos apoyos pol&iacute;ticos en la isla: Washington, en los sectores m&aacute;s inclinados hacia la afirmaci&oacute;n de la soberan&iacute;a o el statu quo; Beijing, en las posiciones favorables a la reunificaci&oacute;n si bien mediadas por fuertes tensiones internas. La evoluci&oacute;n de este pulso, condicionada por los resultados electorales -tanto los comicios locales de noviembre pr&oacute;ximo como las presidenciales y legislativas de 2028-, sugiere que Taiw&aacute;n no se encuentra en una fase negociable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, la cuesti&oacute;n seguir&aacute; delimitando el per&iacute;metro de la rivalidad y confirmando su car&aacute;cter estructural. Para Xi, que Trump exprese una postura clara y firme contra la 'independencia de Taiwan' equivaldr&iacute;a al man&aacute; del cielo.
    </p><p class="article-text">
        En el segundo mandato de Trump, la interacci&oacute;n con Xi Jinping se caracteriza por una baja frecuencia, alta intensidad y una marcada orientaci&oacute;n t&aacute;ctica. El &uacute;nico hito sustantivo hasta la fecha -la cumbre de Busan en 2025- dio lugar a un reinicio pragm&aacute;tico tras meses de escalada (aranceles, semiconductores, tierras raras), pero no alter&oacute; la naturaleza de fondo de la relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, los contactos han sido limitados y esta nueva cumbre responde m&aacute;s a una l&oacute;gica de gesti&oacute;n de crisis que a un intento genuino de estabilizaci&oacute;n duradera. Los numerosos encuentros preparatorios subrayan precisamente ese car&aacute;cter de una relaci&oacute;n atravesada por la volatilidad y por una erosi&oacute;n significativa de la credibilidad estadounidense que China capitaliza en su propio beneficio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xulio Ríos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/opinion/tribuna-abierta/xi-trump-truco-trato_129_13212399.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 20:29:29 +0000]]></pubDate>
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