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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/autores/alberto_garzon_espinosa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Garzón Espinosa]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ormuz y la economía zombi: pensar como si los recursos no se acabaran]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/economia/ormuz-economia-zombi-pensar-si-recursos-no-acabaran_129_13212232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/clip/fce2dee8-4e34-4557-a2b2-be14a8d585ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ormuz y la economía zombi: pensar como si los recursos no se acabaran"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un mundo lleno, la interdependencia se ha convertido en vulnerabilidad: la energía y los recursos vuelven a ser escasos y altamente disputados. Esta es la situación que explica el retorno de las prácticas neomercantilistas y de la violencia por parte de una gran potencia, Estados Unidos, que fue hegemónica en la era de los combustibles fósiles y teme ahora perder esa posición privilegiada</p></div><p class="article-text">
        El barril de petr&oacute;leo Brent sigue cotizando por encima de los 100 d&oacute;lares. La causa es la guerra en Ir&aacute;n y <a href="https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/economia/china-le-conviene-paz-iran-estados-unidos_129_13156714.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el cierre del Estrecho de Ormuz,</a> por donde transita en tiempos normales una quinta parte del crudo y casi un tercio del gas natural licuado del planeta. La escena recuerda lo que ya sab&iacute;amos, pero solemos olvidar: una constante de la historia de la humanidad es la lucha por los recursos. Hoy son los combustibles f&oacute;siles &mdash;indispensables para que el metabolismo de las sociedades contempor&aacute;neas pueda reproducirse, hasta el punto de que sin un flujo continuado de carb&oacute;n, petr&oacute;leo o gas natural cualquiera de ellas colapsar&iacute;a&mdash;. En otros tiempos fueron el oro, la plata y otros metales como el esta&ntilde;o o el cobre los recursos lo bastante codiciados como para alimentar guerras, invasiones y masacres de pueblos enteros.
    </p><p class="article-text">
        Para entender lo que ocurre conviene recuperar una idea formulada en los a&ntilde;os setenta por el economista Herman Daly &mdash;disc&iacute;pulo de Nicholas Georgescu-Roegen y, junto con autores como el espa&ntilde;ol Joan Mart&iacute;nez Alier, una de las figuras fundacionales de la econom&iacute;a ecol&oacute;gica&mdash;. Seg&uacute;n Daly, la econom&iacute;a no es un universo aut&oacute;nomo sino un subsistema del Sistema-Tierra, y por tanto debe operar dentro de sus l&iacute;mites para que su propia reproducci&oacute;n est&eacute; garantizada a medio plazo. Durante la mayor parte de la era industrial, el impacto de la actividad humana fue peque&ntilde;o en relaci&oacute;n con el conjunto de la biosfera: viv&iacute;amos en lo que Daly llam&oacute; un &ldquo;mundo vac&iacute;o&rdquo;, un mundo en el que los recursos naturales aparec&iacute;an como abundantes aunque, por definici&oacute;n, fuesen finitos. Ese ha sido el tiempo &ldquo;normal&rdquo; en el que se gest&oacute; la disciplina econ&oacute;mica moderna y en el que naturalizamos el estado de cosas actual, con todas sus infraestructuras dependientes de los combustibles f&oacute;siles y el nivel de consumo facilitado por la industria petroqu&iacute;mica. El problema, advert&iacute;an Daly y sus compa&ntilde;eros, es que progresivamente &mdash;y por eso casi de forma imperceptible para las vidas particulares&mdash; la actividad econ&oacute;mica humana ha seguido creciendo hasta desbordar la capacidad del planeta. La acumulaci&oacute;n de conocimiento desde entonces ha ido confirmando la tendencia a trav&eacute;s de distintos indicadores cient&iacute;ficos: los l&iacute;mites planetarios, la huella ecol&oacute;gica, la p&eacute;rdida de biodiversidad, el cambio clim&aacute;tico&hellip; Y, adem&aacute;s, lo que era finito pero abundante comienza a dejar de serlo. Hemos entrado en lo que Daly llamaba un &ldquo;mundo lleno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ir&oacute;nicamente, este relato de disputa por los recursos, que resulta tan familiar para la antropolog&iacute;a, la historia o la sociolog&iacute;a, ha sido marginado por la econom&iacute;a mainstream. A pesar de que la definici&oacute;n de Lionel Robbins que aparece en la mayor&iacute;a de los manuales describe a la ciencia econ&oacute;mica como la disciplina ocupada en la asignaci&oacute;n de recursos escasos, en el pensamiento econ&oacute;mico convencional los recursos naturales en particular brillan por su ausencia. De hecho, los factores de producci&oacute;n que se ense&ntilde;an a los estudiantes en las facultades son solo dos: capital y trabajo. Los recursos naturales que en su momento preocuparon tanto a los economistas cl&aacute;sicos, como la tierra, no aparecen en las lecciones que los futuros economistas reciben en la universidad. Aunque existen manuales m&aacute;s recientes que han incorporado el medio ambiente y los recursos naturales, siguen trat&aacute;ndolos como variables secundarias y, sobre todo, altamente sustituibles con otros factores de producci&oacute;n &mdash;como si al agotarse el agua, pudi&eacute;ramos sustituirla por capital&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de que los economistas sean deliberadamente est&uacute;pidos: los recursos naturales fueron durante mucho tiempo muy abundantes y, en consecuencia, tambi&eacute;n muy baratos. Como resultado, no se preocuparon por ellos al definir y especificar los modelos que pretenden representar el mundo real. Al economista le interesan los precios, y aquello que es tan abundante que su precio resulta irrelevante &mdash;el ox&iacute;geno, el agua&mdash; suele despertar poco inter&eacute;s. Lo mismo sucedi&oacute; durante d&eacute;cadas con la energ&iacute;a. Cuando empez&oacute; a extraerse petr&oacute;leo en Estados Unidos, el problema de las grandes empresas era que aquel l&iacute;quido viscoso era demasiado abundante: las primeras estrategias de las petroleras americanas estaban destinadas a modular y restringir la extracci&oacute;n para sostener el precio. Hasta los a&ntilde;os setenta el barril fue, en t&eacute;rminos reales, extraordinariamente barato; con la primera crisis del petr&oacute;leo de 1973 super&oacute; ligeramente los 10 d&oacute;lares nominales y, con la segunda, lleg&oacute; a rozar los 40 d&oacute;lares &mdash;equivalentes a m&aacute;s de 130 d&oacute;lares de hoy&mdash;. La era del crudo barato termin&oacute; entonces, aunque la cultura econ&oacute;mica que se construy&oacute; sobre ella sobrevive intacta. 
    </p><p class="article-text">
        Hace d&eacute;cadas que los economistas ecol&oacute;gicos cuestionan el tratamiento que la econom&iacute;a convencional dispensa a los combustibles f&oacute;siles. Seg&uacute;n los marcos al uso, los combustibles f&oacute;siles y la energ&iacute;a en general apenas aportan al PIB de un pa&iacute;s: el sector energ&eacute;tico en su conjunto no representa, a efectos contables, ni el 5% del valor monetario de la producci&oacute;n. Es la misma l&oacute;gica por la que se nos dice que el &ldquo;turismo&rdquo; &mdash;o cualquier otro sector&mdash; es importante porque representa el 12% del PIB. En la contabilidad del crecimiento &mdash;la que utilizan todas las instituciones econ&oacute;micas para sus predicciones&mdash; lo decisivo es la contribuci&oacute;n de capital, trabajo y progreso t&eacute;cnico, pero no de la energ&iacute;a. Los economistas ecol&oacute;gicos &mdash;Robert Ayres, Reiner K&uuml;mmel, y m&aacute;s recientemente Steve Keen&mdash; llevan d&eacute;cadas advirtiendo que esa forma de pensar conduce a equ&iacute;voco: el ox&iacute;geno tampoco aparece en el PIB y, sin embargo, sin &eacute;l no hay actividad econ&oacute;mica posible. Con la energ&iacute;a pasa lo mismo: aunque su peso contable sea peque&ntilde;o, si se interrumpe se desploma toda la econom&iacute;a. Lo que es, por otro lado, sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como cualquier organismo vivo, toda actividad econ&oacute;mica necesita inputs de energ&iacute;a y produce residuos como salida. La econom&iacute;a convencional no la conceptualiza as&iacute;, lo que le permite tratarla como un sistema cerrado, con flujos circulares de capital y trabajo pero sin entradas f&iacute;sicas ni salidas residuales y mucho respetando las leyes de la termodin&aacute;mica. La realidad, sin embargo, se impone: cuando las fuentes de energ&iacute;a se interrumpen, todo el metabolismo se tambalea. Y es m&aacute;s f&aacute;cil que esos flujos dejen de llegar cuanto m&aacute;s escaso sea el recurso o cuanto m&aacute;s concentrada est&eacute; su extracci&oacute;n y procesamiento. Conviene recordar lo concentrados que est&aacute;n los combustibles f&oacute;siles a escala mundial: solo tres pa&iacute;ses &mdash;Estados Unidos, Arabia Saud&iacute; y Rusia&mdash; concentran m&aacute;s del 40% de la extracci&oacute;n de petr&oacute;leo, y un porcentaje a&uacute;n mayor en el caso del gas natural, encabezado por Estados Unidos, Rusia e Ir&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si los hidrocarburos est&aacute;n concentrados, los minerales que se necesitan para la transici&oacute;n energ&eacute;tica lo est&aacute;n todav&iacute;a m&aacute;s, y eso es algo de lo que poca gente es consciente. Los llamados minerales cr&iacute;ticos &mdash;imprescindibles para la producci&oacute;n de tecnolog&iacute;as renovables y para buena parte de los bienes electr&oacute;nicos&mdash; presentan grados de concentraci&oacute;n superiores a los del petr&oacute;leo. Como muestra el siguiente gr&aacute;fico de la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a, en el caso del litio tres pa&iacute;ses concentran m&aacute;s del 80% de la extracci&oacute;n, mientras que cerca del 70% del cobalto se ubica en un solo pa&iacute;s: la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo. En la fase de procesamiento la fotograf&iacute;a es a&uacute;n m&aacute;s n&iacute;tida: <a href="https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/opinion/zona-critica/ue-nuevo-espiritu-comercio-internacional_129_12754293.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">China controla m&aacute;s del 80% de las tierras raras</a>, alrededor del 70% del cobalto y cerca del 60% del litio. La combinaci&oacute;n de azar geol&oacute;gico y pol&iacute;tica industrial ha conducido a un escenario donde los elementos cruciales del metabolismo de las sociedades modernas est&aacute;n en muy pocas manos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<iframe title="La producción de minerales clave para la transición energética está más concentrada que la del petróleo o el gas natural" aria-label="Barras apiladas" id="datawrapper-chart-4yDtp" src="https://datawrapper.dwcdn.net/4yDtp/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="852" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
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    </figure><p class="article-text">
        El mundo lleno tiene, as&iacute;, una geograf&iacute;a precisa: unos pocos pa&iacute;ses y un pu&ntilde;ado de minas y refiner&iacute;as que controlan los flujos f&iacute;sicos de los que depende todo lo dem&aacute;s. Y sobre esa geograf&iacute;a se est&aacute; levantando una crisis pol&iacute;tica mayor. El liberalismo tradicional se construy&oacute; en este tiempo de anomal&iacute;a f&oacute;sil, naturalizando un estado de cosas en el que la energ&iacute;a era abundante y la econom&iacute;a no parec&iacute;a tener l&iacute;mites. En aquel marco, cualquier pa&iacute;s que necesitara energ&iacute;a o cualquier otro recurso pod&iacute;a te&oacute;ricamente conseguirlo acudiendo al mercado internacional; la clave del progreso, se nos dec&iacute;a, era la apertura de mercados. As&iacute;, la crisis actual del liberalismo no tiene tanto que ver con sus ideas como con la p&eacute;rdida de la base material que las sosten&iacute;a. En un mundo lleno, la interdependencia se ha convertido en vulnerabilidad: la energ&iacute;a y los recursos vuelven a ser escasos y altamente disputados. Eso s&iacute;, no ocurre con todos a la vez ni en el mismo grado, sino que algunos resultan especialmente cr&iacute;ticos, los llamados, precisamente por eso, <em>minerales cr&iacute;ticos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Como he defendido en <em>La guerra por la energ&iacute;a: poder, imperios y crisis ecol&oacute;gica</em>, esta es la situaci&oacute;n que explica el retorno de las pr&aacute;cticas neomercantilistas y de la violencia por parte de una gran potencia, Estados Unidos, que fue hegem&oacute;nica en la era de los combustibles f&oacute;siles y teme ahora perder esa posici&oacute;n privilegiada. Entender los fen&oacute;menos geopol&iacute;ticos del mundo contempor&aacute;neo solo es posible si recurrimos a las herramientas de la historia y la econom&iacute;a ecol&oacute;gica, y si evitamos en lo posible eso que llamamos econom&iacute;a convencional.
    </p><p class="article-text">
        Si usted ve a alg&uacute;n economista hablar como si todav&iacute;a vivi&eacute;ramos en un mundo vac&iacute;o, recuerde que se trata de un zombi: alguien que parece vivo, pero no lo est&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/economia/ormuz-economia-zombi-pensar-si-recursos-no-acabaran_129_13212232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 20:29:24 +0000]]></pubDate>
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