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    <title><![CDATA[elDiario.es - Finanzas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/temas/finanzas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Finanzas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¡Mímate!: la trampa del “estilo de vida progresivo” que puede inflar tus gastos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/era/mimate-trampa-estilo-vida-progresivo-inflar-gastos_1_13212002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/clip/77e6466a-d3bc-4d1a-ac30-c54c9547507f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Mímate!: la trampa del “estilo de vida progresivo” que puede inflar tus gastos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Bajo premisas como el autocuidado o la recompensa, muchos hábitos de consumo se instalan en nuestro día a día, hasta redefinir lo que entendemos como normal</p><p class="subtitle">Si todo es autocuidado, nada es autocuidado: la era dorada de la industria del bienestar (y de la culpa)</p></div><p class="article-text">
        Quiz&aacute; algunos se sientan identificados con este relato. Te suben el sueldo y, aunque la cantidad es m&iacute;nima, decides darte algunos caprichos. De repente, los d&iacute;as que llegas tarde optas por pillar un taxi y evitar el metro. Antes, quiz&aacute;s, desayunas en el bar de abajo porque tienes la nevera pelada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Comes fuera, claro, porque t&aacute;per tampoco te has podido preparar. Al salir del curro, pitando a pilates. Menos mal que te has sacado un bono para ir a casi cualquier centro de la ciudad. Sale un poco m&aacute;s caro, &iexcl;pero es que si no, no ir&iacute;as! Llegas cansado a casa y lo que menos te apetece es cocinar, as&iacute; que pides algo a domicilio, aunque esta semana ya es la tercera vez. Pero oye, &iquest;para qu&eacute; se supone que trabajas?
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a decirse que te cuidas, que sigues a rajatabla la m&aacute;xima del &ldquo;porque yo lo valgo&rdquo;, pero el problema es que las excepciones se van convirtiendo poco a poco en norma y sigues sin ahorrar ni un c&eacute;ntimo. Est&aacute;s avanzando en lo profesional, pero conforme entra, el dinero vuela.
    </p><p class="article-text">
        A esta deriva se le ha puesto nombre. En el mundo de las finanzas personales se habla de &ldquo;<em>lifestyle creep</em>&rdquo; o &ldquo;estilo de vida progresivo&rdquo;, una inflaci&oacute;n de nuestro ritmo de gasto en la que este crece a la misma velocidad o m&aacute;s que el salario. Bajo premisas como el <a href="https://www.eldiario.es/era/si-autocuidado-autocuidado-dorada-industria-bienestar-culpa_1_10765220.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autocuidado</a> o la recompensa, muchos h&aacute;bitos de consumo se instalan en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a hasta redefinir lo que entendemos como normal.
    </p><h2 class="article-text">Ganar m&aacute;s no significa ahorrar m&aacute;s</h2><p class="article-text">
        El problema est&aacute; servido. Muchas personas ganan hoy m&aacute;s que hace unos a&ntilde;os y, aun as&iacute;, no consiguen ahorrar. Parte de la explicaci&oacute;n est&aacute; fuera de su control. &ldquo;La inflaci&oacute;n del estilo de vida surge, sobre todo, por falta de educaci&oacute;n financiera. Cuando no sabes qu&eacute; hacer con tu dinero, lo m&aacute;s probable es que, en cuanto ganes m&aacute;s, simplemente gastes m&aacute;s&rdquo;, explica la experta en finanzas personales Cristina Dayz, autora del libro <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libro-de-negocio/438349-libro-aprende-a-gastar-9788403526051" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Aprende a gastar</em></a> (Aguilar, 2026).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A esto se le suma un contexto que lo amplifica todo: marketing agresivo, redes sociales, <a href="https://www.eldiario.es/era/no-paro-compararme-cuerpos-caras-maquillajes-veo-redes-salgo-bucle_129_13055557.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comparaci&oacute;n constante</a>, presi&oacute;n por el estatus y un sistema perfectamente dise&ntilde;ado para hacerte sentir que nada nunca es suficiente&rdquo;, contin&uacute;a. &ldquo;No solo queremos m&aacute;s, sino que adem&aacute;s queremos que se note que tenemos m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, hay algo innegable: en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos vivido una gran inflaci&oacute;n de precios debido a m&uacute;ltiples factores. Es dif&iacute;cil luchar contra el aumento de los <a href="https://www.eldiario.es/era/no-paro-compararme-cuerpos-caras-maquillajes-veo-redes-salgo-bucle_129_13055557.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">precios del ocio</a>, de los alimentos o de la vivienda, pero s&iacute; que hay una realidad personal que depende de nosotros. &ldquo;Si cada vez que ganas 10 m&aacute;s decides gastar 10 m&aacute;s, es imposible construir tranquilidad financiera&rdquo;, afirma la experta. &ldquo;Es as&iacute; de simple&rdquo;, a&ntilde;ade. &ldquo;No se trata de no mejorar tu estilo de vida cuando aumentan tus ingresos, sino de hacerlo con medida&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">De capricho a obligaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        El punto de inflexi&oacute;n llega cuando lo aspiracional, el capricho, deja de sentirse opcional. &ldquo;En el momento en que ese gasto pasa a formar parte de tus &lsquo;necesidades&rdquo;, se&ntilde;ala Dayz, &ldquo;es cuando aparece el problema&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si no se mantiene ese nivel de consumo surge la sensaci&oacute;n de estar malviviendo, de quedarse atr&aacute;s o de no disfrutar lo suficiente de la vida. &ldquo;Y esa narrativa es peligrosa, porque convierte lo que antes era un lujo en algo que parece imprescindible&rdquo;, advierte.
    </p><p class="article-text">
        En ese punto, el debate deja de ser econ&oacute;mico y se vuelve psicol&oacute;gico. La cuesti&oacute;n ya no es solo cu&aacute;nto se gasta, sino por qu&eacute; se gasta y qu&eacute; funci&oacute;n cumple ese gasto en la vida cotidiana.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el momento en que ese gasto pasa a formar parte de tus ‘necesidades&#039; es cuando aparece el problema. Convierte lo que antes era un lujo en algo que parece imprescindible</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cristina Dayz</span>
                                        <span>—</span> experta en finanzas personales
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Un relato que sostiene el consumo</h2><p class="article-text">
        Desde la psicolog&iacute;a econ&oacute;mica, el fen&oacute;meno tiene varias capas. &ldquo;La primera es que las personas no evaluamos en t&eacute;rminos absolutos, sino relativos&rdquo;, explica V&iacute;ctor Gonz&aacute;lez Campabadal, psic&oacute;logo, soci&oacute;logo e investigador sobre psicolog&iacute;a del consumidor. &ldquo;El valor de algo no est&aacute; en el objeto en s&iacute;, sino en la comparaci&oacute;n con un punto de referencia. As&iacute;, cuando suben los ingresos, cambia digamos el &lsquo;suelo&rsquo; de lo que consideramos normal. Lo que antes era un lujo, deja de sentirse como tal. No es que decidamos gastar m&aacute;s, sino que redefinimos qu&eacute; es un gasto razonable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A esa capa se suma otra relacionada con la identidad. &ldquo;El dinero funciona como marcador de estatus, pero tambi&eacute;n como marcador de identidad&rdquo;, se&ntilde;ala Gonz&aacute;lez Campabadal. Ganar m&aacute;s activa una narrativa interna vinculada al progreso personal. El consumo aparece entonces como una forma de materializar ese &ldquo;me lo he currado&rdquo;, de hacerlo visible.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El &lsquo;me lo merezco&rsquo; surge como una especie de cierre de ese relato&rdquo;, cumple una funci&oacute;n simb&oacute;lica. &ldquo;A veces no basta con avanzar y saberlo como personas, sino que necesitamos ver ese avance encarnado en algo y el consumo funciona como una prueba tangible de que ese cambio (aumento de salario, de posici&oacute;n, etc.) es real&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tercera y &uacute;ltima capa, seg&uacute;n Gonz&aacute;lez, es m&aacute;s social. &ldquo;Muchas veces, cuando acontece un progreso econ&oacute;mico no sabemos muy bien qu&eacute; hacer con ese dinero extra&rdquo;, explica. &ldquo;No hay proyectos claros a largo plazo. Comprar una vivienda es demasiado caro. Invertir requiere un conocimiento y es incierto. El ahorro se presenta hoy en d&iacute;a como un riesgo o incluso una p&eacute;rdida de dinero por la inflaci&oacute;n. As&iacute; que<strong> </strong>el progreso se traduce en consumo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Autocuidado o consumo emocional</h2><p class="article-text">
        Como dec&iacute;amos, cada vez es m&aacute;s com&uacute;n justificar el consumo con ideas como &ldquo;me lo merezco&rdquo;. Estas narrativas internas, en opini&oacute;n del psic&oacute;logo, son esenciales para entender el consumo. &ldquo;El fil&oacute;sofo Daniel Dennett dec&iacute;a que somos en gran medida la historia que nos contamos sobre nosotros mismos. No existe un &lsquo;yo&rsquo; s&oacute;lido detr&aacute;s de esa historia, sino que el yo emerge precisamente de ese proceso de narraci&oacute;n continua, de c&oacute;mo organizamos nuestras experiencias, decisiones y recuerdos en un relato coherente&rdquo;. En ese sentido, mantener una cierta continuidad narrativa y poder decir &ldquo;este soy yo&rdquo; a lo largo del tiempo no es un reflejo de una identidad previa, sino la condici&oacute;n misma para que esa identidad exista.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tomando como base esta idea, cuando consumir deja de ser &lsquo;gastar dinero&rsquo; y pasa a ser &lsquo;cuidarse&rsquo;, se reduce la fricci&oacute;n interna&rdquo;, explica Gonz&aacute;lez Campabadal. &ldquo;No est&aacute;s siendo impulsivo, sino que est&aacute;s siendo responsable contigo mismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En opini&oacute;n del experto, sin embargo, esto es un ejemplo de mala herramienta de regulaci&oacute;n emocional. &ldquo;El consumo puede funcionar como una forma r&aacute;pida de regular el malestar, pero es una herramienta bastante limitada para sostener ese equilibrio en el tiempo&rdquo;, advierte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dayz insiste en la importancia de introducir conciencia en ese proceso. &ldquo;La compra es, en gran parte, un proceso emocional&rdquo;, afirma. &ldquo;Las tiendas cuidan la m&uacute;sica, el olor, la disposici&oacute;n de los productos; las webs est&aacute;n dise&ntilde;adas para llevarte exactamente a donde quieren. Todo est&aacute; pensado para captar una emoci&oacute;n (estr&eacute;s, cansancio, ansiedad, aburrimiento) y convertirla en una decisi&oacute;n de compra&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso propone introducir una pausa. &ldquo;Si sientes que quieres algo, o incluso que lo &lsquo;necesitas&rsquo;, espera dos d&iacute;as. Si despu&eacute;s de ese tiempo sigues queri&eacute;ndolo y, adem&aacute;s, ser&iacute;as capaz de explicar con argumentos s&oacute;lidos por qu&eacute; tiene sentido ese gasto, entonces probablemente sea una decisi&oacute;n consciente. Si no, era solo una emoci&oacute;n mal gestionada&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">A veces no basta con avanzar y saberlo como personas, sino que necesitamos ver ese avance encarnado en algo y el consumo funciona como una prueba tangible de que ese cambio (aumento de salario, de posición, etc.) es real</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Víctor González Campabadal</span>
                                        <span>—</span> investigador sobre psicología del consumidor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Un sistema pensado para gastar</h2><p class="article-text">
        Por tanto, como apuntaba Dayz, las personas nos enfrentamos a la hora de comprar a un mecanismo extremadamente bien afinado. Los pagos digitales y a plazos hacen que gastar nunca haya sido m&aacute;s f&aacute;cil que ahora. &ldquo;Todos estos sistemas eliminan elementos que antes nos hac&iacute;an ser conscientes del gasto: ir a la caja y ver c&oacute;mo el dinero sal&iacute;a f&iacute;sicamente de nuestra cartera. Ahora todo es inmediato y aparece ante nosotros como por arte de magia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay que tener en cuenta que detr&aacute;s de estos engranajes hay algunos de los cerebros m&aacute;s brillantes del mundo dise&ntilde;ando experiencias para que gastar sea cada vez m&aacute;s f&aacute;cil y casi inevitable. Ir en contra de eso no es sencillo.
    </p><p class="article-text">
        Las redes sociales amplifican ese efecto. Nos exponen de forma continua a estilos de vida aspiracionales que act&uacute;an como referencia. Generan yoes ideales inalcanzables que crean una brecha entre lo que somos y lo que queremos ser, seg&uacute;n explica Gonz&aacute;lez Campabadal. Cuanto mayor es esa distancia, mayor es la sensaci&oacute;n de insuficiencia.
    </p><h2 class="article-text">Vivir al d&iacute;a como respuesta</h2><p class="article-text">
        Por otro lado, que muchos j&oacute;venes sientan que no podr&aacute;n acceder a hitos vitales como la vivienda es otro factor que favorece el consumo y la l&oacute;gica de &ldquo;vivir al d&iacute;a&rdquo; como respuesta psicol&oacute;gica. &ldquo;Es parad&oacute;jico, pero no poder acceder a una vivienda deja un dinero disponible que puede destinarse a un estilo de vida que puede ser percibido como &lsquo;por encima de nuestras posibilidades&rdquo;, apunta Gonz&aacute;lez Campabadal.<strong> </strong>&ldquo;Que los j&oacute;venes prefieran viajar, ir a restaurantes o comprar ropa pone de manifiesto que la vivienda es un ideal inalcanzable para ellos, y frente a este ideal que se desvanece, crean otros ideales a alcanzar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es que los j&oacute;venes no puedan comprar una casa porque &lsquo;viven mejor&rsquo;, sino que &lsquo;viven mejor&rsquo; porque no pueden comprar una casa.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando consumir deja de ser ‘gastar dinero’ y pasa a ser ‘cuidarse’, se reduce la fricción interna</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Víctor González Campabadal</span>
                                        <span>—</span> investigador en psicología del consumidor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Recuperar el control sin dejar de vivir</h2><p class="article-text">
        Detectar cu&aacute;ndo la relaci&oacute;n con el dinero se ha vuelto m&aacute;s emocional que racional no siempre es f&aacute;cil. El primer paso, seg&uacute;n Gonz&aacute;lez Campabadal, es cuestionar la relaci&oacute;n espont&aacute;nea que creemos que tenemos con el dinero. &ldquo;Esta tiende a ser emocional, ya que es el medio por el que satisfacemos muchas de nuestras necesidades y definimos nuestra identidad, pero tenemos que pensarla detenidamente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dayz propone empezar por algo m&aacute;s pr&aacute;ctico: observar. &ldquo;Durante uno o dos meses, recomendar&iacute;a registrar absolutamente todo: cada euro que sale&rdquo;. Sin cambiar nada al principio. Solo tomar conciencia. Ese ejercicio permite ver con claridad d&oacute;nde se va el dinero y qu&eacute; gastos aportan valor real.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, se trata de elegir. No de eliminar todo lo que produce placer, sino de decidir qu&eacute; merece la pena. &ldquo;Ordenar tus finanzas no va de renunciar a todo lo que te gusta, sino de elegir mejor qu&eacute; merece quedarse&rdquo;, resume. No pasa nada por vivir algo por debajo de tus posibilidades, afirma la experta. &ldquo;S&iacute;, te ir&aacute;s a la tumba con dinero en la cuenta, pero &iquest;y qu&eacute;? Eso no quiere decir que hayas vivido una vida menos feliz. Seguramente al contrario, porque saber que cada mes llegas con margen te da tranquilidad y esa tranquilidad se puede convertir f&aacute;cilmente en felicidad (al menos financiera)&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es.bbnx.pre.bitban.com/era/mimate-trampa-estilo-vida-progresivo-inflar-gastos_1_13212002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 20:29:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Finanzas,Consumo,Bienestar,Tendencias]]></media:keywords>
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